De la Perpetuación de los Sistemas de Gobierno

Nicolás Maquiavelo en su estudio. Stefano Ussi, 1894.

/// Apuntes para un nuevo príncipe

De la Perpetuación de los Sistemas de Gobierno

Debemos analizar las razones por las cuales los sistemas —ya sean dictaduras, democracias parlamentarias o monarquías— poseen una inercia casi biológica para perpetuarse. El poder se ejerce y se habita desde un sentido común prefabricado.

/// I. LA FORTIFICACIÓN DEL TIEMPO

Primero, resulta evidente que un sistema de gobierno consolidado no solo cuenta con el respaldo de leyes meticulosamente perfeccionadas a lo largo de las décadas para evitar cambios radicales en la sociedad, sino que también se ha integrado profundamente en el ‘sentido común’ de su pueblo. Por lo tanto, enfrenta significativamente menos dificultades para mantenerse en el poder que un gobierno nuevo o revolucionario. Un caso extendido en Europa que demuestra la fortaleza de ‘lo establecido’ es la presencia de las monarquías parlamentarias, que a través de concesiones democráticas han posibilitado que un puñado de familias gobierne un importante número de países durante siglos. Paradigmático es el ejemplo de la Casa de Liechtenstein, que ha gobernado su principado sin interrupciones desde 1719 y que desde 1862 comparte el poder con el Landtag, el parlamento del principado. O, en la misma línea, la Confederación Helvética, que mantiene una estabilidad estructural inamovible desde la Constitución Federal de 1848, demostrando que el voto es, ante todo, un certificado de continuidad.

/// II. EL CORRAL DEL ORDEN

Segundo, a partir de lo anterior, podemos afirmar que, si un gobierno es medianamente eficiente y no se enfrenta a desafíos o crisis debido a circunstancias extraordinarias, es probable que se mantenga sin cambios significativos. Esto se debe a la inercia y a la familiaridad del pueblo con lo establecido. Incluso en situaciones donde emergen fuerzas que podrían desplazar el viejo orden, como ocurrió en España durante el surgimiento del movimiento 15M en 2011, cuando el bipartidismo tradicional de PSOE y PP pareció estar en jaque, bastaron una simples dudas y conjuras sencillas contra el emergente Podemos para devolver el sentir popular al corral del viejo orden. Es la historia recurrente de una geografía donde la Constitución de 1812 fue traicionada y dos repúblicas (1873 y 1931) fueron barridas por la reacción ante el primer error de cálculo de los nuevos gobernantes.

/// III. EL SHOCK: EL RESET VIOLENTO DE LA DERECHA

Frente a la inercia del centro, la nueva derecha despliega una estrategia de ruptura a contrarreloj. Estos sectores necesitan un shock rápido y extremadamente violento para resetear el cuerpo social y destruir los restos de la vieja mediación liberal. El ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement), creado en 2003 bajo la Homeland Security Act de 2002, funciona como el laboratorio perfecto de esta violencia disruptiva. Sus tácticas de persecución y deportación masiva constituyen una pedagogía del terror diseñada para fracturar la solidaridad de clase y reconfigurar la percepción de lo humano. Esta derecha acelera el colapso de la normalidad para imponer un nuevo orden basado en el trauma, utilizando el miedo al «otro» como el motor de una transformación radical y autoritaria que busca anular cualquier capacidad de respuesta colectiva.

/// IV. LA MÁSCARA DE LA MODERACIÓN Y EL GARROTE

La represión en los sistemas estables permanece como una potencia latente hasta que el Espectáculo se ve desafiado. El Estado democrático activa el «derecho de excepción» en cuanto pierde el control del relato. La brutalidad de la policía alemana contra la disidencia propalestina actual revela la verdadera naturaleza del régimen y su fragilidad ideológica. Mientras la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania (Grundgesetz) de 1949 jura proteger la libertad de reunión, la realidad de las calles demuestra que el enfoque represivo depende exclusivamente de la temperatura de la amenaza. La democracia liberal constituye una dictadura de la costumbre que enseña los dientes en cuanto la inercia falla.

/// V. LA ELASTICIDAD DE LA RESTAURACIÓN

Cualquier orden establecido, sostenido por la arquitectura de la costumbre, requiere un impulso mínimo para su preservación perpetua. Los cambios estructurales derivan de traumas que interrumpen el flujo normal de las operaciones sistémicas. El antiguo régimen posee una elasticidad biológica para reconquistar el espacio perdido ante el menor titubeo de la disidencia, tal como demostró la Reacción Termidoriana de 1794 en Francia o la Restauración Borbónica de 1874 en España bajo el Manifiesto de Sandhurst. De esto se desprende una verdad técnica fundamental: la transformación de un sistema exige la vulneración de su propia legalidad. Intentar subvertir el orden respetando sus normas constituye una capitulación previa, pues las reglas son las defensas mismas del organismo. La historia confirma esta necesidad en hitos como el Juramento del Juego de Pelota de 1789, donde el Tercer Estado invalidó la estructura de los Estados Generales, o la Disolución de la Asamblea Constituyente Rusa de 1918. La supervivencia de la estructura depende de su habilidad para convertir cada crisis en un nuevo certificado de necesidad, mientras que su caída efectiva sucede mediante un acto de fuerza que ignore por completo su gramática jurídica.

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