Valor de cambio vs. Valor de uso

Texto publicado en el nº 7 de la edición impresa de NOTON

4.jpgNuestra decadente civilización, incapaz ya de controlar las fuerzas que ha desencadenado, con una ética, una cultura, una filosofía y una vida cotidiana muy por debajo de sus capacidades técnicas, ha llegado a tal extremo en su fetichismo por el valor de cambio que ha situado a éste, no ya muy por encima del valor de uso, sino muy por encima de cualquier otra consideración.

Ahora, en el momento extraeconómico de la crisis, cuando el capitalismo no respeta sus propias leyes y pide a gritos la intervención estatal para sobrevivir, bajo la forma de rescates al sector financiero con capital público, el poder despliega su hegemonía cultural e intenta inocular a la población con consignas orwellianas del tipo: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, las medidas las impone la realidad, no hay otra alternativa… Mantras ideológicos cuyo objeto es culpabilizar, resignar y llevar a la inacción, e incluso generar una pervertida solidaridad entre dominadores y dominados. Por eso, es necesario romper esta lógica impuesta por quienes mandan el mundo del valor invertido, reclamar el valor de uso frente al valor de cambio y afirmar No hemos vivido por encima de nuestra posibilidades. ¡Hemos vivido y estamos viviendo por debajo de nuestras capacidades!

No hemos vivido por encima de nuestra posibilidades. ¡Hemos vivido y estamos viviendo por debajo de nuestras capacidades!

Hay alternativas, estas pasan por comprender y hacer comprender que el mundo que desde las esferas de poder se nos presenta como objetivo, es un constructo ideológico y que por tanto, se puede transformar, superar. Uno de los grandes constructos, de los artefactos ideológicos del sistema es tan antiguo como el capitalismo mismo, se trata de la alienación del valor de uso por el valor de cambio.

Esta enfermedad congénita de la civilización capitalista, que está consumiendo el planeta entero convirtiendo a todo ser viviente y a toda cosa inerte en mercancía unida a un determinado valor de cambio, hace que una buena metáfora para nuestra civilización sea la del niño autista hollywoodense que es capaz de resolver complegísimos problemas matemáticos, pero es incapaz de entender si su madre está triste o alegre. Ahora ese niño, mientras trabaja desencriptando claves de satélites iraníes, ha abierto la llave del gas de su casa y está jugando con cerillas.

Nuestra civilización, como el rey Midas, convierte en muerte todo lo que toca, destruye la vida para inventar infinitas variantes de materiales inertes con los que fabrica y acumula sin descanso todo tipo de mercancías a las que es adicta. La razón, en el núcleo de la civilización, pervive como zombi, atada a las egoístas y autodestructivas pulsiones de este niño autista y es usada, por un sistema irracional, para someter, a través de la violencia, a todo sistema vivo del planeta al imperio de la mercancía. El sueño neoliberal es la transustanciación universal en valor de cambio.

El modelo dominante es el de la desposesión, por tanto el modelo humano es el del consumidor desposeido. Aquel que debe adquirir y consumir constantemente mercancías para poder desarrollar su vida. Un ser absolutamente determinado en su tiempo de trabajo y en su tiempo de ocio, un ser construido por el sistema e incapaz de sobrevivir fuera de él. Para este ser marcado por los imperativos del valor de cambio el sistema sí es el único posible, pero este ser no es el único, ni el último tipo humano. Igual que ha sido construido se puede desmontar y sustituir.

El modelo dominante es el de la desposesión, por tanto el modelo humano es el del consumidor desposeido

Obviamente, el modelo de la desposesión no se detiene en la construcción de un tipo específico de naturaleza humana. La razón zombi, en su expansión sin crítica bajo el imperio de le mercancía, avanza hacia la aniquilación de toda vida autónoma, dado que la autosuficiencia es contraria a la creación de valor de cambio, hecho que implica el sometimiento universal a los imperativos económicos actuales. Se corre el riesgo de que pronto no haya ecosistema sobre la faz de la Tierra que pueda sobrevivir sin el mantenimiento de la mano del hombre, y cuyo fin no sea el de destinar dicho ecosistema a nutrir este tipo pervertido y dominante de economía humana.

Un ejemplo del ejercicio de la desposesión sobre el ámbito natural lo constituye el uso de transgénicos en el modelo agroindustrial. Estos transgénicos, fabricadas con el único fin de generar valor de cambio, ocupan cada vez más extensión de terreno cultivable en forma de monocultivos, al tiempo que las corporaciones secuestran las semillas y los códigos genéticos de las plantas naturales. De este modo se mengua la biodiversidad y aumenta el control de la economía sobre la vida. Por supuesto, este violento proceso incluye la toma del poder político con el fin de dictar leyes que aceleren la adquisición de beneficios y la trasformación de lo natural en valor de cambio; como ha ocurrido recientemente en el Golpe de Estado posiblemente promovido por corporaciones alimentarias y los grandes terratenientes en el Paraguay contra el débil gobierno de Fernando Lugo, quién podría haber supuesto un escollo para el desarrollo de la antonímica Ley de Bioseguridad.

Llegados a este punto, cabe la pregunta ¿Cómo superar la tiranía de la mercancía y su valor de cambio? La clave estaría en la restitución del valor de uso, en generar una economía basada en el intercambio de bienes y servicios donde los productores sean dueños de los medios de producción y donde se elimine cualquier fuente de especulación sobre el valor. Esto lógicamente podría partir desde lo local, apoyando la formación de redes de consumidores y productores, el uso de monedas sociales y el intercambio de servicios. Se trata de desarrollar autonomía, de crear comunidad donde antes hubo atomización social y de ir fraguando una sociedad o unas sociedades paralelas al capitalismo que fueran progresivamente dependiendo cada vez menos de la economía dominante.

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