La Isla sin Miedo. La revolución islandesa

revolución islandia

Cuando en abril de 2010 un volcán de impronunciable nombre entró en erupción, Islandia, la Isla de Hielo, saltó a la primera plana de todos los medios de comunicación europeos. Televisión y prensa oficiales hablaban constantemente de los malos humos de la convulsionada montaña causante de un caos aéreo sin precedentes. Y nos bombardearon con imágenes de pánico colectivo: gentes histéricas en los aeropuertos durmiendo por los pasillos, humo oscuro saliendo del cráter volcánico, mapas de Europa invadida por enormes nubes de cenizas que, cual ejército pronto para el combate, amenazaban con consumirlo todo… Al mismo tiempo, expertos y opinólogos de toda índole hablaban largo, tendido y tedioso de las nefastas consecuencias para la “maltrecha economía” de la zona euro y daban cifras, muchas cifras: número de vuelos cancelados, número de pasajeros afectados, número de aeropuertos colapsados, número de millones perdidos, etc. En definitiva, miedo y más miedo televisado, Doctrina del Shock inoculada a paralizadas masas de consumidores/televidentes que poco podían hacer. Pero en abril de 2010 ocurrían otras cosas en la isla, las cuales, los voceros del poder callaban…

Un año y medio antes, finales de 2008.
¡Terror! A finales de 2008 la economía islandesa estallaba. En octubre se nacionaliza Landsbanki – el principal banco del país – y poco después otras dos entidades bancarias: el Kaupthing y el Glitnir. Cientos de miles de clientes – principalmente británicos y holandeses – ven peligrar sus ahorros, la deuda del país hiperbóreo se dispara a varias veces su PIB, la bolsa suspende su actividad tras un hundimiento del 76%. El gobierno islandés pide miles de millones en ayudas al FMI, que su población tendrá que asumir en forma de recortes sociales. El país está en banca rota, pero los islandeses resintirán. Cacerola en mano comienza la sublevación popular. Día tras día muchedumbres de indignados se hacen oír a las puertas del parlamento de Reykjavik y la presión ciudadana da sus frutos: el 23 de enero de 2009 son convocadas elecciones anticipadas y tres días después dimite en bloque el gobierno del conservador Geir H. Haarden. Para el 25 de abril – un año antes de la erupción del imponente Eyjaallajökull – la isla tiene un nuevo gobierno, una coalición de socialdemócratas y ecologistas liderada por Jóhanna Sigurðardóttir.

A lo largo de 2009, un fallido gobierno de centro-izquierda.
Durante el 2009 el gobierno de centro-izquierda no consigue sacar al país de la recesión, el año se cierra con una caída del PIB del 7%. De hecho, el Parlamento, ante las crecientes presiones de los mercados internacionales – el miedo a no disponer de crédito se había apoderado del ejecutivo –, presentará un impopular plan con el que se aprueba el pago de 3.500 millones de euros que la banca privada islandesa había contraído con clientes holandeses y británicos. Las familias islandesas al nacionalizarse su banca privada debían asumir ese pago y devolver esa cantidad de dinero en quince años al 5,5% de interés. La carga es demasiado pesada, las cacerolas vuelven a tronar en las calles, se exige someter el pago de la deuda a referéndum. Ante la presión ciudadana, en enero de 2010, el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a ratificar la ley y acepta la petición de consulta popular.

2010, un nuevo poder civil se abre paso.
En marzo se celebra el ansiado referéndum, y en un gesto de extraordinaria valentía, el pueblo islandés, a pesar de las presión internacional y las amenazas de los gurús de la ortodoxia liberal, vota NO. El 93% de los electores islandeses decide no hacerse cargo de las deudas contraídas por el sector financiero privado. De forma pacífica y constante un nuevo poder ciudadano se abre paso a través del hielo. La reacción de los poderes fácticos no se hace esperar, inmediatamente después del NO islandés el FMI congela las ayudas económicas, como medida de presión para forzar a Islandia a pagar la deuda contraída por su banca privada. Sin embargo el pueblo no se amedranta, siguen las concentraciones y las protestas, forzando al gobierno a iniciar una investigación que persiga los delitos del sector bancario. En febrero de 2010 se designa un fiscal especial cuya función será investigar los presuntos delitos financieros cometidos en la isla en el contexto de la crisis de 2008. Inmediatamente se inician las primeras detenciones de banqueros y altos ejecutivos. A principios de mayo de 2010 Hreidar Sigurdsson, exdirector ejecutivo de Kaupting es detenido acusado de falsificación documental, malversación y manipulación de los mercados. Un ssemana después Islandia emite una orden de arresto internacional contra Sigurdur Einarsson, expresidente de la entidad financiera Kaupthing, un tribunal de Reikiavik lo acusa de falsificación documental y fraude, se pide a la Interpol que lo detenga. Magnus Gudmundsson, otro antiguo ejecutivo de la misma entidad, que a principios de 2010 dirigía un banco privado en Luxemburgo también es detenido. Junto a los procesos judiciales el Parlamento Islandés elabora un informe en el que se concluye que el antiguo primer ministro y el expresidente del banco central, además de otros cinco altos funcionarios, habían actuado de forma negligente en la prevención del colapso del sistema financiero islandés.

2011, una nueva constitución.
Al tiempo que se busca sentar en el banquillo a los responsables del desplome de la economía isleña, un nuevo poder civil se abre paso a golpe de caceroladas. En noviembre de 2010 se convocó una asamblea constituyente formada por veinticinco personas con la intención de dotar al país, la democracia más antigua del mundo, de una nueva constitución recurriendo directamente al pueblo soberano. Una nueva constitución que deberá dotar al pueblo de una verdadera democracia, así la sociedad exige: mayor separación de poderes (legislativo, ejecutivo, judicial), la declaración de los recursos naturales como propiedad de la nación, la creación de un sistema electoral más justo y la realización de la Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación (Icelandic Moden Media Initiative), proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión. En la actualidad la asamblea constituyente islandesa continúa trabajando, la propuesta debe estar lista para el mes de julio, cuanto requerirá la aprobación por parte del Parlamento. Si pasa este trámite, se celebrarán elecciones parlamentarias y el texto de la constitución deberá ser ratificado por el nuevo parlamento – que podrá incluir algún cambio -, una vez que la constitución esté redactada, probablemente, será sometida a referéndum. Un tema importante a tratar durante este proceso o posteriormente será la continuidad, o no, de las negociaciones para la entrada de Islandia en la Unión Europea, desde el comienzo de la crisis el número de euroecépticos ha ido aumentando, pues ven en los órganos de dirección de la UE los mismos aparatos de poder que han causado la terrible crisis que atraviesa su país. Islandia, con trescientos mil habitantes, es un caso excepcional dentro del contexto internacional, pero es un síntoma paradigmático del momento histórico que atravesamos, un momento de profundas transformaciones sociales. Este pequeño país del ártico difícilmente puede ser un modelo para comunidades humanas de mayor tamaño, pero la actitud y la osadía del pueblo islandés, su carácter y su valentía a la hora de tomar decisiones de calado trascendental, pueden ser un referente, lo son ya, para las energías sociales y políticas que el 15M de forma sorpresiva ha desencadenado en España.

Este texto ha sido publicada en el número 5 de la revista NOTON, puede leer la revista online AQUÍ

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